Surfear la incertidumbre
7 hábitos para convertir el caos de la IA en tu mayor ventaja
Hay una sensación que reconozco cada vez que abro el portátil por la mañana. Una mezcla de ansiedad y excitación. Cada día pasa algo nuevo que parece cambiar las reglas del juego de cómo abordamos nuestra profesión, incluso de cuál es el futuro de nuestras empresas (las empresas de servicio lo estamos viviendo con una intensidad brutal).
Si trabajas en cualquier cosa que tenga que ver con tecnología, marketing, producto o negocio, sabes exactamente de qué hablo. La IA no es una tendencia más. Es un terremoto que está rediseñando el terreno mientras intentamos caminar sobre él.
Y frente a eso, veo dos reacciones dominantes. La primera es la parálisis: gente que se queda mirando el tsunami desde la orilla, esperando a que se estabilice para actuar. La segunda es el frenesí de gente que salta de herramienta en herramienta, de hype en hype, sin construir nada real.
Para mí, ninguna de las dos funciona.
Lo que si me funciona, y es lo que quiero compartir hoy contigo, es generar un conjunto de hábitos deliberados que me lleven hacia donde quiero ir.
No son trucos ni atajos, porque para esto no hay fórmulas mágicas. Son formas de pensar y de actuar que te permiten surfear la incertidumbre en lugar de ahogarte en ella.
La gran ola de transformación que trae la IA no va a desaparecer, pero puedes aprender a surfearla.
1. Elige ser optimista (con los ojos abiertos)
Decía el otro día Samuel Gil en SumaPositiva que los optimistas viven un 15% más. También he escuchado por ahí que, “los pesimistas suelen tener razón y los optimistas suelen equivocarse, pero todos los grandes cambios han sido logrados por optimistas”.
Este punto es crítico porque si no crees que este momento es una oportunidad, ningún hábito te va a salvar.
Eso si, no hablo de optimismo ingenuo, no es pensar que todo va a salir bien sin hacer nada. Hablo de la decisión consciente de mirar lo que está pasando y buscar el ángulo que te beneficia.
Piensa en cualquier gran cambio tecnológico de la historia. Internet destruyó industrias enteras. Pero quienes lo miramos con curiosidad en vez de miedo hemos conseguido ganarnos muy bien la vida con esto. Y algunos han conseguido crear las empresas más relevantes del mundo actual surfeando muy bien la ola.
Con la IA pasa exactamente lo mismo. Puedes verla como una amenaza a tu trabajo o puedes verla como la herramienta más poderosa que te han puesto en las manos en toda tu vida profesional. La realidad es la misma. Tu interpretación cambia completamente lo que haces con ella.
La incertidumbre no es el enemigo. La parálisis sí lo es.
El optimismo no es negar los riesgos. Es decidir que vas a actuar a pesar de ellos. Que vas a buscar la oportunidad dentro del lío. Esa decisión, por sí sola, ya te pone por delante del 80% de las personas que están esperando a ver qué pasa.
2. Desaprende para avanzar
Tendemos a pensar que aprender es sumar, estar continuamente añadiendo conocimientos nuevos sobre los que ya tenemos. Pero en momentos de cambio radical como este, el problema no suele ser lo que no sabes. El problema es lo que das por supuesto y ya no es verdad.
Tu experiencia es simultáneamente tu mayor activo y tu mayor riesgo.
El hábito del desaprendizaje activo consiste en reservar tiempo para cuestionar tus propias certezas. Hacértelo de forma explícita, no pasiva. Cada semana o cada mes mirar los procesos que das por sentado y preguntarte si lo seguirías haciendo igual si hoy tuvieras que empezar de cero.
A esto podemos llamarlo cultivar la identidad de eterno principiante. Quien se atreve a decir «no sé» es el primero en aprender y quien finge que controla es el último en adaptarse.
Y aquí el ego profesional puede ser el mayor obstáculo para la adaptación. Los que más rápido avanzan hoy son los que no tienen problema en sentirse torpes de nuevo.
3. Combate el FOMO con foco y ayúnos de información
El Fear Of Missing Out (el miedo a perderte algo) es probablemente el mayor destructor de productividad real en la era de la IA. Todo el día enganchados a ver qué es lo nuevo que sale, lo que dice o hacen los otros, robándote el tiempo de las cosas que realmente puedes hacer tu (o incluso de tu descanso).
No se trata de ignorar el ruido. Se trata de elegir tu señal.
Para no estar continuamente saltando de un sitio a otro, generándote ansiedad, puedes elegir tener foco selectivo. Consiste en tomar una decisión explícita sobre qué vas a explorar en profundidad esta semana, este me o este trimestre. Y decir que no a todo lo demás.
Tres preguntas para decidir qué merece tu foco: ¿Esto resuelve un problema real que tengo ahora mismo? ¿Esto conecta con la dirección en la que quiero crecer? ¿Esto tiene potencial de multiplicar lo que ya sé hacer? Si la respuesta a las tres es no, da igual lo molona que sea la herramienta, no te va a aportar nada.
Otro enfoque que suelo aplicar de vez en cuando, sobre todo algún fin de semana son los ayunos de información. Pasarte unos pocos días sin consumir nada sobre IA en ningún canal. Pocas cosas mejores para ser capaz de reflexionar sobre lo que ya has visto y separar el grano de la paja.
4. Practica la curiosidad profunda (no la superficial)
Abrimos Twitter y en cinco minutos hemos visto tres demos de herramientas nuevas, dos hilos sobre el último modelo de lenguaje y un vídeo de alguien haciendo cosas increíbles con un agente de IA. Cerramos Twitter sintiéndonos informados (y saturados).
Pero no lo estamos. Realmente estamos entretenidos, que es muy distinto.
Informado de todo pero formado en nada. Esa es la trampa. La curiosidad superficial te da la ilusión de estar al día, pero no te da ninguna capacidad real y no te permite hacer nada nuevo.
La curiosidad profunda funciona al revés. Es elegir una cosa de las que estás viendo que puede tener impacto en tu día a día y bajar hasta el fondo. Ir al paper original. Probar la herramienta con tus propias manos en lugar de ver un short. Romperla. Entender por qué funciona y dónde falla. Construir algo pequeño con ella.
Una regla simple que a mi me funciona es que por cada hora que dedico a consumir información sobre la IA, dedicar al menos otra hora a aplicar alguna cosa de las que más potencial le veo.
Cuando consigues evitar el FOMO y practicas la curiosidad profunda, cambias tus propias reglas del juego ya que centras tu energía en lo que te va a cambiar, no en lo que te va a desgastar.
5. Lanza un experimento real cada semana
Hay una diferencia brutal entre saber que algo existe y saber usarlo. Esta diferencia es la que marca quién está preparado para lo que viene y quién se va a quedar atrás.
Se puede hacer de mil formas, pero con compromiso. A mi me gusta estructurarlo como un experimento semanal con hipótesis y resultado. Exactamente la misma lógica que aplicamos en Product Hackers con nuestros clientes y la experimentación, pero aplicada al aprendizaje de la IA.
Eliges algo concreto que quieras probar. Formula una hipótesis: «Creo que usando un agente de IA puedo reducir a la mitad el tiempo que tardo en preparar los informes semanales.» Lo pruebas. Mides. Aprendes. Y la semana siguiente, otro.
Lo ideal es que sea algo pequeño: automatizar un email recurrente, crear un prompt que resuelva un problema de tu equipo, montar un flujo que conecte dos herramientas que usas a diario.
Porque si eres demasiado ambicioso de primeras, lo más probable es que te frustres y te quedes bloqueado. Si vas paso a paso, conseguirás avanzar y generar hábito.
Con el tiempo, esos pequeños experimentos semanales se acumulan. Y un día miras atrás y te das cuenta de que has desarrollado la intuición de quien ha tocado la tecnología con sus propias manos.
6. Renuncia a productividad presente para ganar capacidad futura
Esto es algo que escuché recientemente en el podcast de SeedRocket y me pareció una forma muy interesante de enfrentarse a estos cambios.
Xavi Beumala contaba que para facilitar la adopción de la IA por todas las personas y equipos de Marfeel, plantearon a los equipos que se podía renunciar a productividad a corto plazo por aprender cómo hacer las cosas con IA.
Básicamente quitaron un poco de la presión de la urgencia del día a día para dar espacio al aprendizaje.
El resultado es que tienen a todo el equipo probando y experimentando con IA y, aún así, son más productivos. Esto ocurre porque lo que van aprendiendo de la IA les genera mucho más retorno que la inversión en tiempo que hacen para el aprendizaje.
El trasfondo está en la siguiente paradoja: si solo haces lo que ya sabes hacer, tu productividad tiene un techo. Ese techo es tu capacidad actual. Puedes optimizarla, puedes exprimir un 10% más, un 20% más. Pero nunca vas a dar un salto.
El salto viene cuando inviertes tiempo en aprender algo que cambia fundamentalmente cómo trabajas. Y esa inversión, por definición, requiere renunciar a productividad presente.
Es como ir al gimnasio. La hora que pasas entrenando es una hora que no estás «produciendo». Pero nadie cuestiona que esa inversión te hace más capaz, más fuerte, más resistente. Con el aprendizaje de IA pasa exactamente lo mismo.
Dedicar tiempo a aprender no es perder productividad. Es invertir en una productividad que aún no puedes imaginar.
En momentos de cambio tan brutales como los que estamos viviendo, creo que hay que bloquearse al menos el 15-20% de la semana para aprender y experimentar. No como algo opcional sino como una cita fija, innegociable, protegida.
¿Parece mucho? Piensa en qué pasa si no lo haces. Dentro de seis meses, las personas que sí invirtieron ese tiempo van a ser capaces de hacer en dos horas lo que a ti te lleva un día entero. La productividad que «perdiste» hoy la vas a recuperar multiplicada por diez.
7. Aprende en público y construye tu consejo de exploradores
El último hábito es quizás el que cierra el círculo y hace que todos los demás funcionen exponencialmente mejor.
La mayoría de la gente aprende en privado. Lee, prueba, experimenta y se lo guarda. Espera a ‘dominar’ el tema para hablar de él.
Para mi, esto es un error, y te voy a explicar por qué.
Cuando aprendes algo y lo compartes mientras lo estás aprendiendo, con errores, con dudas, con descubrimientos en bruto, pasan tres cosas poderosas.
Obligas a tu cerebro a estructurar lo que ha aprendido. No puedes explicar algo que no entiendes de verdad. Eso consolida tu aprendizaje de una forma que ningún otro hábito consigue.
Tu vulnerabilidad genera confianza. Cuando dices «estoy probando esto y aún no lo entiendo del todo, pero mira lo que he descubierto», la gente conecta mucho más que cuando presentas una conclusión perfecta. Y eso abre conversaciones que nunca tendrías de otra forma.
Creas un efecto red. Cuando compartes lo que has descubierto, las personas a tu alrededor empiezan a compartir contigo lo que ellas han encontrado. Se genera un flujo de información de alta calidad, filtrada y contextualizada.
Y aquí es donde entra lo que podríamos llamar ‘consejo de exploradores’. Reúne a 3-5 personas en las que confíes que estén explorando áreas distintas a la tuya. Alguien que esté metido en agentes de IA, otro en automatización, otro en IA aplicada a ventas, otro en herramientas de código. Una reunión al mes para compartir qué estamos aprendiendo, avanzando, qué no funciona...
Nadie puede estar al día de todo solo. Es imposible. Pero un grupo pequeño personas afines, cada una especializándose en un área diferente y compartiendo sus descubrimientos, puede cubrir un terreno enorme.
Esto no va a parar
No sé cuál será la próxima gran noticia en IA. No sé qué herramienta cambiará las reglas la semana que viene. Pero sé que quien tenga estos hábitos instalados va a estar mejor preparado para aprovecharla que quien siga esperando a que pase la tormenta.
La tormenta no va a pasar. Pero surfeandola llegaremos muy lejos.
Corti, 15 de marzo de 2026
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Lo de crear el hábito de hacer pequeños experimentos y conpartirlos con otros exploradores es un consejo muy top.
Me encanta.
También pienso que la curiosidad es una gran arma para combatir la incertidumbre, y que en compañía, el camino se anda mejor.
Gracias!